Largometraje mexicano hecho para video
El cine institucional se proclamaba heredero del muralismo: espectáculo de identidad y moral patriótica. El videohome, en cambio, mostró lo que ese régimen negaba: corrupción cotidiana, violencia doméstica, narcomenudeo, machismo de subsistencia, precariedad laboral y frontera como condena. Allí donde el cine estatal representaba un pueblo idealizado, el videohome retrataba a la gente real del país que el desarrollismo había dejado atrás. Su estética “chafa” fue el resultado visible de una estructura sin crédito, sin laboratorios y sin legitimación cultural. Lo que la crítica llamó vulgaridad era, en realidad, el registro material de una clase sin infraestructura para producir “buen gusto”.
7 feb 2026